miércoles, 27 de abril de 2016

Te echamos de menos...

Los que le conocían bien decían que era serio, los que menos, campechano y directo. 
Lo cierto es que el alcohol agriaba un carácter que cuando no amenazaba a golpe de cinturón asesinaba con una mirada fría. ¿Quien sospecharía, que tras la sonrisa sonrosada en el bar donde bebía, se escondía un hombre que derrumbado en el pasillo, lloraba en brazos de su hija?
Querido en vida sólo a veces, incomprendido la gran mayoría...
Conmigo cambió, decían que su nieta le devolvió la alegría. Mi abuela no daba crédito cuando al llegar del mercado, le encontraba tirado en el suelo con una cría saltando sobre su espalda, riendo a carcajadas... Disimulando se levantaba, fruncía el ceño pero ya a nadie engañada.

Mercado central de Alicante

Se fue una madrugada, tras una noche de fotos, recuerdos y nostalgias.
Cayó derrumbado en el pasillo que tantas veces le vio tambalearse, pero esta vez por falta de fuerzas, sin aire.
Un corazón enorme escondido en una infranqueable armadura solo corrompida por un cáncer.
Le gustaban los claveles, me gusta adornar con ellos su lecho eterno, y cuando no le visito y los veo, los huelo, le pienso, recuerdo... Su mirada, su guiño cómplice y su amor incondicional de abuelo.

Han pasado más de veinte años y aún te echamos de menos... ❤ 

¡Dime!

Dime que tienes claro lo que sientes, que no negocias ni te vendes. 

Háblame de ese libro que te encanta y no es un best seller, hazlo con tanta pasión que desee tenerlo entre mis bienes. 

Dime que viajas, donde tú imaginación te lleve, que vuelas lejos y pierdes los papeles. 

Dime que el mejor turismo es recorrer la senda de los lunares de mi espalda, que entre mis brazos no necesitas un mañana, que el aquí y ahora nos basta.
Dime que el bienestar se encuentra tras dar, sentir, compartir, valorar... Que a pesar de los palos no tenemos miedo a amar. 

Que posamos la vista en ese horizonte sin miedo a planear.

Muelle Uno de Málaga

No quiero mirarte sin admirarte, no voy a tocarte para luego olvidarte.
Y, aunque pueda que no pueda ser, aunque acabe, aunque nos duela, quiero que el rato contigo merezca, si así fuera, una dulce pena.
Ahora cierra los ojos... ¿Nos soñamos?

Etapas...

Hay etapas en las que te veías con toda la vida por delante. Te hallabas al comienzo de ese camino deslumbrante por el que se desplegaba una interminable alfombra de terciopelo rojo, invitándote a avanzar hacia el mañana. Por aquel entonces creías firmemente que podías comerte el mundo, aspirarlo a bocanadas. Te veías capaz de escapar de tempestades, absorber esa sensación de seguridad y de bienestar que la estabilidad te proporcionaba. Por aquel entonces los confines de tu hogar eran tu horizonte, mientras en tu desbordada imaginación se gestaban sueños de grandeza. Visualizabas todo lo que ibas a conseguir. Comienzas tu andadura por la alfombra roja con paso airoso, desafiante, mirando exultante a tu alrededor y todo te anima a seguir adelante; el sol, benévolo, brilla con fuerza para ti; las frondas de la vegetación que forman un exuberante túnel a tu paso se colorean en tonos de verde. Continúas avanzando y el túnel comienza a curvarse...

La alfombra va adquiriendo un tono de rojo cada vez más desvaído, la vegetación va amarilleando, el sol se oculta intermitentemente y su resplandor disminuye. 

 

Calpe (Alicante)


Y en algún momento que no aciertas a determinar, el sendero se ha transformado en un retorcido laberinto tan lúgubre como un corredor al infierno... ¿Dónde se halla ese sueño que antes percibías con meridiana claridad al final del túnel? Pero continúas avanzando. Te habitúas al intrincado laberinto, a caminar por la oscuridad sin saber hacia dónde te diriges. Tus sueños de grandeza se van diluyendo lentamente tras una cortina brumosa. Pérdida, totalmente pérdida... Sintiendo el vacío... Y entonces llega esa persona, su mirada te regala una nueva perspectiva, su sonrisa te devuelve aquella luz, y su mano te invita a levantarte y a caminar de nuevo, disfrutando de los obstáculos, vislumbrando de nuevo un final del túnel lleno de luz... Te sientes llena de vida, de fuerza, más que nunca, dispuesta a romper barreras y las paredes de cualquier laberinto...Ahora, y para siempre.



martes, 15 de marzo de 2016

Siempre nos quedará París...

Respiraron hondo y echaron a andar en dirección a su escondite. Sólo un par de coches cruzaron por su lado antes de llegar al puente tendido sobre un turbulento río, lleno de barcos guía anclados a las sombras de tiempos mejores. 
Pasaron entre las casas humildes y abandonadas de aquella ciudad que un día resplandeció, había poco gente y nadie les prestó atención. 

Puente Alejandro III, París

Se mantenían en actitud vigilante, por miedo a que alguien les reconociese, pisando adoquines gastados mientras se acercaba el ocaso. Las estrechas callejuelas se enroscaban, tanto o más que sus ganas. Bajaban la mirada culpable ante ancianas que miraban recelosas tras las cortinas de sus ventanas. 
Llegaron y empujaron la desvencijada puerta que crujió tanto que puso sus diez sentidos en alerta.
Al fin solos, bandos opuestos con un corazón loco, se arrancaron la ropa, se lo dieron todo. Cerca del sonido de las bombas y de tanto odio, rindieron homenaje a la ciudad del amor, olvidándose el miedo, temblorosos. 

Lucha entre el bien y el mal

Desde la torre de su infierno,
mi señora observa con silencio,
mientras sus dos guerreros alados se abren paso allá en el cielo.
Se agrietan con duros golpes el escudo de autoestima,
las nubes anuncian metáforas
de sus dudas más sombrías,
escondiendo tras sus lágrimas reprimidas, 
el fracaso que temía.

Ponte Sant'Angelo, Castel Sant'Angelo, Roma.


Más señora... ¡No claudiques!
Por más que en el camino nos coloquen diques.
Ahora toca ser osada,
al maligno no me invoques,
resolvamos laberintos
aunque alguien nos provoque.
Lucen en sus espadas el desenlace más cercano,
ese bien que tanto anhelas y que juzgas tan lejano.
Entre el bien y el mal te has debatido,
tu ira ha reflejado tus peores instintos.
Llorando y gritando has desgarrado tu alma,
acaba ya con tu batalla e implórate la calma. 

Mi viaje

Mi viaje se ha hecho largo, con sendas peligrosas y oscuras, con ríos salpicados de alegría y locuras.
He sido sabia e imprudente. Me han amado, traicionado y abandonado. Yo también he hecho daño. He herido y humillado. He perdonado y suplicado. He claudicado. He regalado mi corazón y mi alma. He visitado a la nostalgia y me he dejado abrazar por la impotencia. He lanzado flechas con mis letras purgando mi condena.

Río Moldava, Praga


He trepado al cielo escapando de las arenas movedizas del infierno. He visitado y criticado a mi propio yo desde el espejo. He luchado con fe ciega como escudo y experiencia por montera. He sonreído a la pena, por su enseñanza eterna...
Pero pasan las páginas de un diario de abordo y el viaje continúa, navego con la seguridad de que ahora será más fácil que nunca. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Vacía sin tí

Intenté no pensar en su cuerpo pálido, sus ojos inertes, sin vida, habían sido cerrados por última vez frente a una desconocida, la misma que acariciaba su rostro con una tela metálica y fría.
Subida al Castillo de Santa Bárbara (Alicante)

No se cuanto tiempo estuve ahí, paralizada, recordando. Subí las escaleras como una anciana, cogiendo fuerzas para pasar de un escalón a otro. Se había ido... ¿Quién iba a programarme el vídeo, a arropar con sus pies calentitos los míos fríos? ¿Quién seguiría año tras año preparándome el Cola Cao de los domingos? Pensé en todo aquello sin sentirlo, tambaleándome hacía la pared y dejando resbalar mi espalda por el granito.
Saqué mi móvil del bolsillo, tanteé con dedos temblorosos hasta visualizar su último mensaje: "Voy para casa cariño, me muero por verte". Me llevé el teléfono a la mejilla, como si aún quedase su esencia en la pantalla y pudiese entrar en mí. Mojé cada letra con mis lágrimas... - Yo también vuelvo a casa... Vacía, sin tí.