miércoles, 23 de noviembre de 2016

Esa

Esa, que sin estar cerca te recomienda la corteza del árbol cuando te pica la espalda y tus manos no llegan. 
Esa que te envuelve en un abrazo y te regala el sol cuando hay tormenta.
La que se engancha a la locura de querer medir cosas desmedidas cuando te pregunto si me querrás siempre y si es para siempre, cómo seremos después de tanto tiempo. 
Esa, que busca tu mano, que corre a tu lado, que abre tus puertas, que acaricia tu ausencia, que sueña contigo, que te hace reír, que habla de tí. Esa, que vale la pena.

Esa, que llora por no poder hacerlo siempre que quiera, que a pesar de todo no puede darte lo que más necesitas, cuando más lo deseas.

Esa, que espera tus ganas cuando retrocedes a otras manos que abiertas, en varias ocasiones, dejaron que te fueras.
Me rasgaría la piel para envolverte en ella. Lo hubiese hecho aunque ahora digas, haberlo hecho. 
Y me pregunto, si lo hubiese hecho... ¿Te hubieses dejado atar al borde de mi cuerpo asumiendo una rutina?
¿Atar a todo lo que tengo por debajo de esta cicatriz que no has cosido tras marcharte?
¿Esa que ya no ves?

Esa, que hace que no me olvide que es mejor querer que ser querida y no poder corresponder. 

Me sonreíste en Febrero...

El día que me sonreíste era febrero y chispeaba, pero el sol se hizo en tus labios. 
Quizás recuerdes aquel beso con prisa ansiosa, mis manos temblando y mis oídos sordos ante unas palabras que brotaban de mi boca nerviosa. 
Y tú mirándome, incapaz de articular apenas dos frases porque yo las acaparaba todas.El perfume de las flores húmedas impregnaba los jardines mojados por la lluvia y, en los cristales del portal se dibuja el abrazo de dos siluetas. 

Recuerdo repasar mentalmente cada pliegue de tu frente, como buscando una cavidad dónde esconderme de las miradas y el frío. También recuerdo notarme las yemas de los dedos calientes, templadas y luego frías al soltarte por unos minutos, mientras vomitaba pensamientos sin sentido que tú escuchabas con la mayor seriedad de la que eras capaz, aguardando...Más tarde entendí que esa sonrisa teñida de lluvia formaba parte de un puzzle cuyas piezas empezaron a encajar a un ritmo vertiginoso, creando un mapa de recuerdos agridulces. Pero ese día no. Ese día sólo creía en la divinidad del tiempo que pasa deprisa junto a tí, en la constelación escondida en tu espalda y en como me pedías miradas cogiendo mi cara, mientras me decías que sí, que tú también... 

Me enamoré de un pájaro...

Me enamoré de un pájaro que escuchaba pop español y fumaba cigarrillos en dos minutos. Tenía sus propias manías, como la de tomar café aguado nada más despertar.
En fin, quién iba a decir que un pájaro toma café o fuma, ¿verdad? Tan raro como que todos los caminos llevan a Badajoz y no a Roma. 

Tuvimos un bonito romance, duró lo que dura un beso largo escondidos bajo soportales o unas horas peleando con la tela que a menudo sobra. Fue una primavera en la playa y un verano en una ciudad vacía.
No hubieron palabras de adiós pero sí sal en los ojos y cuellos brillando con gotas retenidas.
Me dejó su olor en mil detalles y un pañuelo donde llorar canciones.
Me enseñó a volar distancias, a esperar, a añorar... Hasta el próximo beso cargado de ilusiones. 

Dulce delirio

Dicen, que lo malo del suicidio, es que si nos gusta, no podemos repetirlo.
Sin embargo, yo he perdido la cuenta de las veces que me he lanzado sin paracaídas al abismo de tus labios,
y me siento más viva que nunca al declararme desaparecida en el microcosmos de constelaciones que dibujo en las pecas de tu espalda.


Y lo mejor de todo, no es tener la certeza de poder repetirlo, sino que vienes en busca de mis dedos para regalarnos instantes de trepidante y dulce delirio.

domingo, 12 de junio de 2016

Sin rutinas

No habrá reproches ni malas caras al llegar a casa por no saber que contarnos,
ni besos fugaces por compromiso al no añorarnos.
No habrá tensiones por gritos infantiles o facturas,
ni citas obligadas los domingos a comer en casas familiares.
No habrá resoplidos porque me retraso al no saber que ropa ponerme,
ni insistencia por mi parte cuando no quieras fregar los platos.


No todo será tan bueno, ni todo será tan malo...

Villa Giacomina - Villajoyosa (Alicante)

Pero te prometo cuadernos llenos de nuestra historia escrita con la saliva del hambre por besarte.

Y canciones acompañando nuestro anhelo cuando no pueda tenerte.
Cogeré un día libre cuando me tiemblen las manos de ausencia, y bailaré contigo entre soportales y palmeras salpicando de risas nuestros momentos al volver a verte.
Te prometo, que cuando el ansia arañe nuestros cuerpos, ardientes de deseo, construiremos nuestra propia casa sin techo, donde sólo el sol sea testigo del amor que nos tenemos. 

El momento adecuado

Comprobado, me aferro a cosas que me acaban desgastando, esperando a sufrir contemplando como me voy consumiendo, estallando sin aguantar ni un solo momento.
Espero al minuto correcto, para hablar, para sentir, para llorar, para reír... ¿Por qué pensar tanto? ¿Existe el momento adecuado?

He encerrado los miedos con candados y he lanzado la llave a donde no la alcancen los tropiezos.
Que si quiero quererm(t)e lo hago, que la vida vuela como para tener que esperar a que lleguen los instantes apropiados.
No existen, no, ni los equivocados.


Me he cansado de esperar, ya no me callo, si me caes mal te lo digo al igual que si te amo. Que me equivocaré una y mil veces pero vivo para mejorar, para empezar desde cero y llegar al cien, quedarme a la mitad o no superar el diez.

Vivir para esperar no vale la pena, que los días hay que exprimirlos de la mejor manera. 

miércoles, 1 de junio de 2016

Entre la maleza

Villa Giacomina - Villajoyosa (Alicante)

Y hoy... 

Luchamos con seres insoportables que llevamos dentro, 

llenitos de temores, 

de huecos incompletos, 

de inseguridades agrietadas 

y autoestimas derrumbadas.

Villa Giacomina - Villajoyosa (Alicante)

Que si nos caemos nos levantamos, 

escalamos atravesando temores, 

colándonos en los entresijos de nuestra cabeza, 

desgastando las suelas con cada roca con la maleza.
Encontrando un tesoro oculto de imperfecta belleza.
Que tú y yo no somos tan diferentes y quizá soñemos las mismas metas.